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Cover of Norwegian Wood
:)
Fontanarrosa aparentemente quería ser comentarista de pámbol.Image by El rosarino 2 via Flickr
Como ya terminó el Mundial, gracias a la infinita gracia del Pulpo Paul me cayó el libro Área 18 del gran Roberto Fontanarrosa para estar a tono. La contra de la novela dice que Congodia es una nación africana joven que ha obtenido su independencia y su desarrollo económico teniendo como base el futbol. Oh sí, en serio. Su independencia se la ganaron a los árabes en un partido que ganaron 4-1 y en la que el héroe goleador recibió el sobrenombre el Mariscal del Área y en la actualidad -del libro, los años 60- el aeropuerto internacional de la capital de Congodia tiene su nombre.
Congodia basó su desarrollo en el futbol porque su territorio es poblado por cualquier cantidad de pueblos que hablan idiomas y dialectos distintos, diferentes orígenes raciales y religiones que se odiaban cordialmente. Tendría que haber un aglutinante porque, sino, esa nación se desmembrarís a la yugoslava. El elemento aglutinante de Congodia fue el futbol. Y el último triunfo de su selección fue una salida al mar, ganada a Kenya.
En plena guerra fría, Congodia se encontraba en una posición estratégica a más no dar (vecinos de Somalia, ustedes dirán), y una empresa gringa: La Burnett, para ganarle algo a Congodia, crea un equipo conformado por desesperados, entre los cuales está el mismísimo Best Hamam Seller.
Best Seller, el famoso mercenario sirio, en esta ocasión decide pelear una clase distinta de guerra: la guerra en calzoncillos. Desempeñándose como el capital de este equipo creado con "veteranos" (o sea, elementos ya mayores de 30 años), el equipo de los Mapaches Aulladores del Atlético Spartan se enfrenta a la selección de Congodia en su infernal estadio Bombasí.
El libro tiene elementos notoriamente inverosímiles, y por lo tanto desternillantes:
-Lesiones espeluznantes.
-Entrenamiento brutal y resistencia sobrehumana.
-Muertos y heridos durante el partido.
-Formaciones ridículas. (La patentada del entrenador de los Mapaches, Herr Müller, consistente en cinco líneas de 2 y explicada con retótica existencialista.
-¿Un cocodrilo como mascota del Atlético Spartan?
Y muchas otras cosas que hacen que El área 18 se encuentre en algún lado entre Los caballeros del zodiaco y los Supercampeones.
Pero el detalle más gracioso de todo es Best Seller, el famoso mercenario sirio, tras una vida de acción, enfrentando la muerte en diferentes conflictos bélicos en todo el globo, ahora es otra clase de mercenario pero igual enfrentará la muerte... me estoy desviando del tema: el detalle jocoso es que en varias partes del libro Fontanarrosa describe la mirada de Best Seller como " de cernícalo". Yo sabía que el cernícalo es un rapaz de la familia de los halcones, así que suponía que su mirada era de "halcón".
Pues bien, si el cernícalo es en efecto un rapaz de la familia de los halcones, proveemos al amable lector de la fotografía de uno de estos magníficos alados.
LOL
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En el metro de la Ciudad de México, línea 2, se subió un chavo. No era demasiado joven y se vestía como neopachuco: fedora, playera oscura de Tin Tan, pantalón bombacho, cadenota, botas mineras… comenzó a declamar algo y cuando terminó se puso a peroratar en contra de la televisión y de los mexicanos que la ven.
Es más importante, decía, un partido de fútbol que la vida de un niño de 13 años muerto por la Migra en Ciudad Juárez; es más importante una telenovela que la catástrofe antinarco del Espurio… y siguió declamando cosas que no oía bien.
Terminó su segunda lucubración y dijo que pedía apoyo, que si querían llevarse un poema nomás lo pidiéramos, y yo, curioso que soy, lo hice dándole el simbólico premio de $1.00 (Un peso 00/100 M.N) y… pues lo leí y honestamente creo que un niño de secundaria sería capaz de escribir algo más original y séntido que este buen intelectual de banqueta.
Si te quejas de lo mal que están las cosas, el primer paso por el que todo revolucionario debe pasar es revolucionarse a sí mismo, empezar por la propia casa, y este poeta novohispano consideraba que su chamba en ese rubro ya había sido hecha.
Él cree que lee lo suficiente, y yo que he leído mucho más creo que no lo he hecho, ¿qué podría haber leído que le hubiera dado la sensación de que ya estaba en posesión de la verdad?, pues claro…
La Jornada, El Proceso, medios que ya hace más de una década que saltaron al tiburón. Que afirman ser medios incorruptibles, defensores del progreso y el humanismo, y que cada vez que les leo frases del tipo “el periodismo dirigido” o “medios afines al poder” me pregunto si no se muerden la lengua o si no se les tuercen los dedos cuando teclean sus mamadas. Ellos mismos se han entregado a poderes más oscuros y se sienten fascinados por personajes más nefastos que los mismos priistas -los narcos y Sergio Andrade, por decir algunos ejemplos-… medios en los que Carlos Monsiváis, el Gran Murmurador, trabajó y que colaboró con su pluma para extenderles una fama que les queda grande.
Carlos Monsiváis fue un escritor que usó todo su talento para disfrazar las obviedades de su discurso tras una retórica densa que impedía que los poderosos captaran lo que estaba diciendo. La clase de intelectual que a estas alturas del juego ya resulta perniciosa, pues también acumuló demasiado poder en sus manos. Es bien sabido que el intelectual debe mantenerse lejos del emperador o bien representar el papel de bufón.
Monsiváis no fue un bufón, a los bufones no se les trata con la solemnidad que el recibió, casi estaba seguro que sus gatos serían sacrificados para que lo acompañaran en su faraónico otro mundo; no se les hace caravanas, como según se cuenta él exigía que se las hicieran; ni mucho menos deciden quién sí y quién no.
Y como resultado, hay gentes que creen que con haberlo leído ya pueden catequizar a la población.
Triste cosa en verdad.

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H. Pascal se refirió a él como “Pitufo Gruñón”, quizá así le diga porque lo conoce, pero desde sus artículos y sus textos puedo ver otras cosas. La mayor de todas inquietudes que el susodicho tiene es la de expresarse aunque a los demás les choque.
La Encyclopedia Dramatica, fuente que ya hemos citado por acá, dice que los troles en realidad son agentes de cambio en las comunidades más que de discordia, pues son ellos los que señalan verdades incómodas que los demás usuarios o miembros de la comunidad prefieren ignorar o hacer como que no ven. Ya saben: “no alimenten al trol”. ¿Mas cómo lidiar con un trol que es bien pagado por trol, un trol que se alimenta de su misma acción? Porque para mí eso es Heriberto Yépez. Un trol que no tiene que ser alimentado para andar moliendo al prójimo.
Detalle que lo torna un trol bastante triunfador.
Hace ya unos años, el suplemento Laberinto levantó ámpula y creó una discusión más o menos bizantina sobre la actual generación de narradores mexicanos a la que llamó, cariñosamente, “la generación invisible”. Mucho de la rabia y rigor con que fue vituperado el suplemento se lo ganó por andar metiendo a algunos escritores que colaboran en el suplemento o que son amigos de los editores, pero somos muchos los que pensamos que hay muchos escritores que están en vías de darse a conocer y que, ergo, harán que la generación invisible deje de serlo cuando ellos tampoco lo sean más.
Pero hay otra cosa, la temática que manejan los escritores más o menos jóvenes está muy dispersa y por lo tanto no es posible identificarlos plenamente con la facilidad que reclaman los editores. Pero creo que yo ya hallé una característica identifiicable, sí, el tarugo que escribe esta notita en un blog perdido en la inmensidad de las internets lo hizo.
Ya van varios libros y cuentos que he leído en los que el protagonista, héroe o antihéroe, se rebelan contra una sociedad que castiga el talento y la competencia y premia la trampa. Diablo guardián de Xavier Velasco es un ejemplo; otro sería El buscador de cabezas de Antonio Ortuño, en la revista Replicante leí un cuento similar…
¿Podría ser ésos los identificadores de la nueva narrativa mexicana: la rebelión y falta de cooperación o incluso la cooperación maliciosa aplicadas para enfrentarse a una élite conformada por analfabetas funcionales, élite cuyos únicos méritos para ser élite son el ser amigo del que mandamás... o nada más ser el Jefe?Powered by ScribeFire.

Las 550 primeras ediciones de Harry Potter por el mundo Image by Getty Images via Daylife
Por fin estoy terminando de leer Harry Potter y la piedra filosofal, empezó bien, luego se había puesto pesada la lectura y fue cuando la interrumpí el año pasado; este año, sin embargo, retomé la lectura y encontré una cosa sumamente curiosa.
Ya todos sabemos las desastrosas condiciones en las que este libro fue escrito. Lo bonito de eso es que conforme iba avanzando en la vida escolar de Harry Potter empecé a notar la felicidad con la que la fue escrita la novela. El gusto que J. K. Rowling sentía al ir todos los días al café a empujarse un americano y estar ahí de dos a tres horas escribiendo con su bebé junto, escapando por ese pequeño tiempo, imaginando las aventuras de un maguito para no estar pensando en la miseria en la que estaba sumida; ese gusto se trasmina en las páginas del libro. No estoy diciendo que se logra percibir nada más, digo que esa sensación prevalece sobre todo el libro y estoy seguro que el extremoso triunfo de la Saga entera se debe a esta situación.
J. K. Rowling, como ya lo había dicho antes, sí es una escritora de mucho oficio, pero la novela en sí es como un champurrado de otras historias, de invenciones de otros y tradiciones tomadas prestadas de otros lugares. No es demasiado creativa pero… Esa felicidad que se encuentra adherida a la narración es según yo la razón de todo.
La autora hizo de su escape su triunfo, creo que a final de cuentas ésa sería la clave que h explica el éxito de los bestsellers y la diferencia entre un escritor que es capaz de escribir una novela de más de 400 páginas por año y otros escritores que sienten que su escape no es más que una exhibición de sí mismos o que escriben como si estuvieran pariendo.
Todos escribimos por gusto, pero la sinceridad es a final de cuentas lo que los lectores aprecian, o por lo menos eso es lo que logro ver, por algo hay escritores que se gozan más que otros.
Murió quizás el único escritor que verdaderamente llegué a detestar que fue Carlos Montemayor, este hombre hizo muuuchas cosas como cantar, estudiar letras, nacer en Chihuahua, estudiar el indigenismo, pasarse al indigenismo, escribir libros y novelas, cantar opera y morir de cáncer. Hoy vi en el 22 cómo cualquier cantidad de gente intelectual expresó sus condolencias y su pesar por la muerte de este autor, no sin demasiada emoción por ser una muerte de cáncer, que como es bien sabido acaba con uno de poquito en poquito, pero mucho más rápido que los segundos.
¿Por qué lo detestaba? Bueno, sus ideas políticas estaban todas mal. Eran maniqueas y repulsivas. Julio Patán hijo de hecho medio expresó, obviamente con el suficiente cuidado para no chamuscarse, que una cosa era la calidad de persona que era este individuo –que no lo conocimos nunca, aunque si lo llegué a ver un par de ocasiones en el FCE de M. A. Quevedo- y las ideas de los grupos que el apoya: EZLN, Partido de los Pobres, todas las guerrillas de las zonas más fregadas de México en general, las cuales están basadas en la simple idea de tomar el poder mediante la violencia y emprender acciones de justicia en contra de todos aquellos explotadores del pueblo y burgueses que anden libres blah blah blah. Ya nos sabemos el rollo.
Las veces que lo vi era su propia imagen televisiva, igualito a como sale en los medios, sumamente relajado en lo que yo pues estaba comprando primero un libro al que le traía hartas ganas y luego revoloteando como mosca por los libros. Yo entonces, para variar, tenía esa rabia, esas ganas de publicar y seguir escribiendo y de la que ahora tengo mucho más de ellas; él solo nomás estaba sentado en una mesita y sonreía y contestaba los saludos que algunos conocidos le mandaban.
Yo sería muy perjudicado en caso de que triunfasen las causas que defendía este buen hombre.
Pero bueno, ni hablar, este buen y noble hombre que además, por si faltara algo, escribía poemas y lamentaba que los gobiernos vieran nomás el poder del poder ya está enfrentando un tribunal superior por todos sus equivocaciones. Incluyendo su pejianismo no fue capaz de ver la salamanquesa que era el Peje.
Honestamente espero que haya sido en realidad noble y crédulo más que taimado y doblemoral. Que sus equivocaciones hayan sido más bien por sus buenas intenciones más que por sus ambiciones ocultas.
El problema con este tipo de buenas intenciones es que luego sirven para adoquinar el camino al Infierno.
Murió relativamente joven, prueba de que a la mejor no era tan malo.
Estoy releyendo a Juan Sánchez Andraka, un periodista que escribe básicamente novelas sobre el paso de la jumentud
a la mamadurez en un contexto pueblerino-tenochca, más tirando por el lado guerrerense que por sitios menos dados a las hipocresías, a saber, el salvaje norte, donde la civilización termina pero donde la barbacha comienza.
Este autor es estilísticamente simplón, el poder de su discurso radica en las ideas que plantea, que por cierto, si fuera maestro yo les dejaría todos sus libros de tarea a mis alumnos para que vayan aprendiendo de una buena vez las razones por las que nuestra República Tlacuache vive el actual horror.
Es otra vez de madrugada, en Tampico corren rumores de violencia y hay frío; en Oaxaca están aún los ecos de una masacre y en Juárez permanecen los de aquella otra en la que unos chavos que aparentemente ni la debían.
Lo más malo de todo es que ya ni me sorprendo y la vida en mi país se va pasito a pasito a la mierda. ¿Qué podemos hacer si sólo soy nada más yo contra una masa de mugrosos y piojosos? Pa variar, lo único que puedo hacer es apartarme de la masa. Pero es tan difícil.
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